"Yo no puedo dejar de hablar de Aquél a quien más fuertemente amo en mi corazón"
Fiesta: 5 de febrero
Como Santa Inés, Santa
Cecilia y Santa Lucía,
decidió conservarse siempre pura y virgen, por amor a Dios.
En tiempos de la persecución del tirano
emperador Decio, el gobernador Quinciano se propone enamorar a Agueda, pero
ella le declara que se ha consagrado a Cristo.
Para hacerle perder la fe y la pureza el
gobernador la hace llevar a una casa de mujeres de mala vida y estarse allá un
mes, pero nada ni nadie logra hacerla quebrantar el juramento de virginidad y
de pureza que le ha hecho a Dios. Allí, en esta peligrosa situación, Agueda
repetía las palabras del Salmo 16: "Señor Dios: defiéndeme como a las
pupilas de tus ojos. A la sombra de tus alas escóndeme de los malvados que me
atacan, de los enemigos mortales que asaltan.
El gobernador le manda destrozar el pecho a machetazos y azotarla cruelmente. Pero esa noche se le aparece el apóstol San Pedro y la anima a sufrir por Cristo y la cura de sus heridas.





